Jorge Suárez-Vélez / Modelo insostenible Jorge Suárez-Vélez (18 abril 2024)

 

Jorge Suárez-Vélez / Modelo insostenible

en EL NORTE

Es importante recordar de dónde vienen los recursos que gasta y reparte el Gobierno. Éste se queda con parte de los ingresos de empresas e individuos, con el IVA de cada compra, con impuestos especiales como el IEPS, con prediales, etc. Además, recibe las utilidades de empresas paraestatales. En otros países, las hay rentables. Algunas paraestatales chinas, Fannie Mae en EU, la petrolera Aramco de Arabia Saudita, o EDF, la compañía eléctrica francesa, han sido muy rentables y contribuyen importantes ingresos a sus Gobiernos.

En México Pemex contribuyó por décadas ingresos importantes, y CFE lo hizo tan recientemente como el sexenio pasado. Hoy ya no es el caso. Es de carcajada escuchar a AMLO repartir las futuras "utilidades" de Tren Maya, Mexicana de Aviación y de sus otras absurdas ocurrencias que fondearían pensiones de militares o de trabajadores del Estado. Espero tengan sillas cómodas para esperar recursos que jamás llegarán.

Todas éstas serán fuentes de gasto, no de ingreso. Su manejo, a diferencia del de paraestatales rentables, se da a partir de criterios políticos que cancelan su rentabilidad económica. Ninguna gerencia sensata apoyaría que Pemex dedicara sus recursos a refinación -una actividad en la que el insumo vale más que el producto refinado- en vez de hacerlo a extracción petrolera.

Ninguna hubiera enfocado a CFE a generar energía eléctrica en vez de dedicarla a distribuir y comercializar energía producida con eficiencia por entidades privadas. Ninguna hubiera aceptado las onerosas prestaciones o pensiones en paraestatales que garantizan décadas de subsidios crecientes que asfixian su futuro.

Si a lo anterior le agregamos programas sociales que no discriminan entre quienes los requieren para sobrevivir y quienes no, y que se encarecerán conforme nuestra población envejezca (y lo hace rápidamente), el modelo es insostenible.

Los programas sociales deben estructurarse para sacar a la gente de la pobreza, no para mantenerlos perennemente ahí, como es el manifiesto objetivo político de la 4T. Independientemente de criterios ideológicos, tenemos certeza absoluta de que aritméticamente será imposible mantenerlos, a no ser que los ingresos del Gobierno aumenten. Éstos, de hecho, bajarán por la propia estructura de gasto que la 4T ha privilegiado.

Un Gobierno responsable entiende que una función primordial del gasto público es proveer infraestructura que detone inversión privada. En México, por cada peso que mal invierte el Gobierno, las empresas invierten más de ocho.

Por berrinche, la 4T canceló un aeropuerto que nos era indispensable ante los evidentes cambios en cadenas de suministro (era más importante la parte de carga que la de pasajeros) y que detonaría enorme inversión privada complementaria; decidió privilegiar un modelo de refinación que pierde carretadas de dinero y genera más combustóleo que gasolina, lo cual además es una pesadilla ambiental; sacó de la generación eléctrica a los proveedores privados que tienen los recursos para generar la electricidad que nos urge para aprovechar la histórica oportunidad de nearshoring que se nos presenta. Y, además, no ha invertido en educación de calidad, parte toral de la responsabilidad del Estado.

Para acabar pronto: sin infraestructura moderna; sin energía eléctrica suficiente, de buena calidad, barata y limpia; sin agua; y sin una población educada que cuente con las aptitudes que demanda el mercado laboral del siglo 21, México está condenado a no crecer. Los ingresos del Gobierno alcanzarán cada vez menos para financiar un gasto social creciente.

Las finanzas del próximo Gobierno arrancarán a partir de un déficit de más de 6 por ciento del PIB. Se vuelve crucial entender qué harán las candidatas a la Presidencia para cambiar radicalmente un modelo evidentemente insostenible cuando, además, vienen años de bajo crecimiento global porque la humanidad cargará pesados lastres: la deuda contraída por la pandemia, la descarbonización de la economía y el creciente proteccionismo y desglobalización. Eso sin siquiera tocar los graves riesgos geopolíticos que nos acechan. Habría que preguntarles.

@jorgesuarezv

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