Francisco Javier González / El perfume del Madrid Francisco Javier González (18 abril 2024)

 

Un impactante pasaje de la novela "El Perfume" de Patrick Suskind hace alusión a una garrapata.

Relata magistralmente que ese insecto es capaz de esperar todo el tiempo necesario, asido a la rama de un árbol, hasta que alguna presa pase por debajo de él.

No importa cuánto frío tenga, cuántos calores deba soportar. Puede mantenerse sin alimento durante todas las estaciones porque su organismo está diseñado para eso.

Y tiene otra virtud. La paciencia. Sabe que la víctima, mucho mayor que ella en tamaño y fuerza, alguna vez pasará por ahí. Un león, un tigre, un elefante quizá.

Se lanzará entonces desde su escondite en el árbol para encajar sus patas en el lomo de la víctima. Perforarán su piel y harán fluir la sangre con que toda su hambre acumulada quedará saciada. El sufrimiento cobra.

La garrapata se habrá alimentado, el asesino de la obra logrado su cometido y el equipo de futbol, conquistado la victoria.

Este último pertenece a otra obra: la de ayer en el estadio Etihad. El Real Madrid se escondió en su reducto, tratando de que un rival más poderoso pasara por ahí para lanzársele con sus garras.

Lo hizo a partir de la velocidad para aprovechar los grandes espacios que un equipo tan agresivo como el City deja a sus espaldas porque atacar en bloque y lo más lejano a su portería es su virtud.

Dejar que se acerque el enemigo se parece a jugar a la ruleta rusa. El Madrid lo planteó así y sufrió lo indecible porque tuvo encima todo el partido a un desfile de virtuosos tratando de hacerle daño. Por poco y se lo hacen más de una vez.

Se puso en ventaja pronto tirándose de la rama del contragolpe. Morder a los 12 minutos inquieta a cualquier bestia.

Para atar las manos del rival herido hace falta correr mucho, tener una capacidad de concentración absoluta y probada calidad futbolística. Eso tuvo el Madrid. Hasta que, en el segundo tiempo, un despeje forzado de Rudiger permitió a De Bruyne marcar el empate.

La crónica consigna lo que sucedió. Los densos tiempos extras, la falla en los penales de Modric que salvaron los malos cobros de Bernardo Silva y Kovacic. El festejo de Ancelotti y la aceptación de Guardiola, ambos caballeros. Éste último se curte en elegancia. No le puedo pedir más a mis jugadores porque hicimos lo que sabemos hacer, declaró al final.

Pese a la derrota, el entrenador mantiene la convicción de su filosofía. No la canjeó por buscar el triunfo de otra manera.

Del otro lado, Carletto derrocha sinceridad. Esa es la única manera en que podíamos ganarles, dijo. La resistencia al sufrimiento y la lucha feroz por la supervivencia premiaron al Madrid.

Por un instante dejó de ser fiera y mutó en garrapata para saltar del árbol y morder en la única oportunidad que tenía.

Ese no parecía el Madrid. Pero ganó como el Madrid. Como sea, sobre todo en las grandes ocasiones.

X. @FJG_TD

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